PRÁCTICAS INNOVADORAS DE EVALUACIÓN
Creemos que en virtud de la
diversidad de los alumnos que participan en la clase, de la diversidad de
experiencias de aprendizaje significativas que se propongan, de la visión de la
evaluación reguladora de la enseñanza y del aprendizaje, para promover la
formación de niños y jóvenes, la evaluación debe también utilizar múltiples
procedimientos y tareas ligadas a la forma de gestión de la actividad
pedagógica que se realiza en la clase
y, en atención a los requerimientos que plantea la naturaleza de los niños y
jóvenes, la naturaleza de los aprendizajes y de las actividades pedagógicas
propuestas. De este modo, le corresponde al docente tomar decisiones respecto a
la selección de estos recursos para la evaluación de las capacidades de los
alumnos y del proceso de enseñanza realizado por el docente. Por otra parte, es
evidente que sin un referente psicopedagógico claro las actividades de
evaluación podrían perder su razón de ser y convertirse en prácticas que
privilegien nuevamente lo informativo y lo cuantitativo sobre lo académico.
En este sentido, es
importante resaltar el planteamiento de Sacristán (1997) cuando expresa:
“Para lograr una enseñanza menos
preocupada por el control, en la que los alumnos puedan sentirse llamados a
aprender por el gusto de hacerlo, hay que ocuparse más por seleccionar
contenidos sustanciales para el currículum y descubrir actividades académicas
atractivas, en vez de buscar respuestas en nuevas técnicas o enfoques de
evaluación. La evaluación que llamamos informal adquiere más sentido y vigencia
cuando el proceso de enseñanza se ocupa de contenidos y actividades
sustanciosas y atractivas. Una evaluación humanizada y coherente sólo es
posible, seguramente, cuando exista un currículo y unos métodos interesantes
para los alumnos.”(p. 396).
Tomando como base
planteamientos expresados por Sacristán y nuestra experiencia en el campo de la
didáctica de la lengua escrita, podemos identificar y proponer algunas
prácticas de enseñanza y de evaluación innovadoras que parecen más encaminadas
a promover procesos de aprendizaje y estrategias de autorregulación de este
proceso por parte de los alumnos y que, al mismo tiempo, ofrecen posibilidades
de ajuste de la intervención pedagógica por los docentes.
1. Realizar evaluaciones
iniciales al comenzar el estudio de
cada unidad temática o de cada proyecto de aprendizaje, a fin de conocer los
conocimientos previos de los alumnos, las experiencias que traen al proceso y
sus condiciones personales, familiares y sociales. Esto permite determinar de
dónde parten, en qué condiciones se encuentran y establecer necesidades de
aprendizaje a fin de programar las actividades y experiencias que deben ser
propuestas a cada uno, atendiendo a la diversidad, con el fin de asegurar la
mayor significatividad de los aprendizajes. De acuerdo a lo planteado por Solé,
(1993), parece claro que el acceso al conocimiento y experiencias con que los
alumnos abordan el aprendizaje, mediante la evaluación inicial es indispensable
para conocer cuál es su nivel de competencias para aprender. Las preguntas
diagnósticas para realizar la evaluación inicial y explorar experiencias y
conocimientos previos e intereses de los estudiantes, del tipo ¿qué quiero
conocer?; ¿qué sé sobre...?; ¿qué conozco de...?; ¿qué me interesa conocer
sobre...?, sin la finalidad de calificar; así como los comentarios en clase o
en pequeños grupos de trabajo, son una base fundamental para conocer el grupo y
a cada uno de sus miembros.
2. Dar
a conocer a los alumnos los objetivos de aprendizaje que ellos deben lograr, en
términos de las competencias a desarrollar durante la actividad pedagógica.
Estos funcionan como referentes para interpretar los avances de los alumnos y
los obstáculos que confrontan. También constituye una ayuda para el aprendizaje
y la evaluación la explicitación de las exigencias respecto a determinadas
tareas y de los criterios que se tendrán en cuenta para valorar las
competencias desarrolladas y los logros alcanzados por los alumnos en términos de
su desempeño.
3. Proponer experiencias de
aprendizaje significativas con tareas y actividades diversificadas que
requieran la visión desde las distintas áreas del conocimiento y que ayuden a
los alumnos a aprender y al docente observar de cerca el proceso que aquellos
realizan. Esto permitirá al profesor disponer de momentos especiales para
observar directamente y con mayor atención a un grupo de alumnos, mientras
otros trabajan con mayor autonomía.
El seguimiento de las tareas
académicas es una fuente natural de conocimiento directo sobre cómo trabaja el
alumno. Los profesores tienen esquemas explícitos sobre los pasos que han de
seguirse para desarrollar las
tareas académicas y las actividades. Disponen de criterios para evaluar los productos que se derivan de las tareas
propuestas, extendiendo el juicio realizado a la calidad del proceso de
aprendizaje.
Saben cuándo marcha bien el curso de
la actividad o cuando no. Por ello, es importante que los profesores hagan
explícitos los criterios de calidad que tienen para apreciar el trabajo
realizado por los alumnos, porque es un camino útil para valorarlos
informalmente.
Son diversas las actividades y tareas
significativas que permiten conocer el desempeño del estudiante en situaciones
auténticas de aprendizaje. Entre otras situaciones podrían ser: la lectura de
un libro, la lectura del periódico, buscar información en una enciclopedia,
redactar una referencia sobre libros que ha leído, controles de lectura
relacionados con tiempo dedicado a esta tarea y tipos de textos leídos;
participar en sesiones de discusión en las que los estudiantes tengan que
debatir, preguntar, predecir, recapitular, opinar, argumentar y contrastar sus
opiniones respecto de lo estudiado; escribir textos específicos como redactar
un informe de investigación, organizar una información, elaborar un afiche,
escribir comunicaciones, elaborar trabajos monográficos sobre algún tema que
requiere consultar e integrar información de diferentes fuentes; elaboración de
otros textos como ensayos, editoriales, resúmenes, análisis de textos leídos,
antologías, cuentos breves, poesías, anotaciones personales sobre su
apreciación sobre su trabajo, preparar exposiciones sobre algún tema o estudio
de un problema, entrevistas, realizar e informar de visitas a lugares
determinados para obtener información. Participar en ejercicios y prácticas
para valorar su nivel de comprensión y de ejecución sobre determinados
procedimientos. Vivir situaciones en las cuales el alumno tiene que buscar
información para documentarse sobre lo que va a escribir, pensar sobre las
ideas o tópicos a abordar, elaborar borradores, revisar, releer el texto,
reescribirlo, someterlo a discusión frente al grupo, consultar con el profesor
u otra persona experta en el tema. Situaciones qu permitirán dar cuenta de las
competencias desarrolladas por los estudiantes y, al mismo tiempo, ofrecerán
información útil para mejorar las fortalezas y superar las debilidades
académicas que ellos confrontan.
4. La
realización, por el profesor o los alumnos, como parte de las propias
actividades de aprendizaje y de evaluación, de situaciones didácticas
orientadas a conversar sobre los significados construidos a partir de lecturas
realizadas, a llegar a acuerdos sobre determinadas interpretaciones, a precisar
ciertos problemas, a revisar las elaboraciones hechas por los estudiantes sobre
determinados temas y a revisar también los textos producidos (informes,
ensayos, resúmenes, monografías) antes de haberlos concluido.
Situaciones que permiten la evaluación
continua de los estudiantes al analizar sus producciones y aportaciones en la
clase de cada día. Estas experiencias cumplen la función evaluativa, pero al
mismo tiempo, funcionan como espacios para aprender y para regular el
aprendizaje, debido a que informan a los estudiantes sobre su proceso, sobre
qué han aprendido y sobre lo que deben aprender y junto con sus profesores
acuerdan nuevas acciones que incluyen las decisiones que deben tomar para
continuar aprendiendo.
5.
A
partir del desarrollo alcanzado por la didáctica de la composición escrita, las
prácticas de evaluación de los trabajos escritos y de otros textos
producidos, le asignan un papel protagonista a los estudiantes en el
proceso de revisión y corrección de sus propios textos y producciones y de las
de los demás compañeros. Actividad que se realiza bien en forma individual, en
parejas o colectivamente. Por ejemplo, en las situaciones de composición de
textos de información científica o de textos argumentativos se pueden
identificar como actividades de revisión y corrección del escrito las
siguientes: revisión del texto por cada autor, revisión-corrección mutua en
parejas, esto implica que cada autor lee, revisa, corrige , valora y sugiere
modificaciones al texto de su compañero y viceversa; corrección conjunta entre
el profesor y la pareja de autores; corrección y valoración realizada por el
profesor de las producciones escritas de sus estudiantes. Los resultados del
seguimiento y de las correcciones realizadas, a partir del análisis de las
producciones se concreta en discusiones y comentarios en clase para todo el
grupo sobre los logros y las dificultades encontradas, y en ocasiones pueden
también ser aprovechados como orientaciones en las entrevistas individuales con
cada estudiante.
Las
discusiones, comentarios y análisis en clase de los resultados alcanzados por
los estudiantes, así como la devolución que realiza el profesor para cada
estudiantes de los resultados de su evaluación en las tareas académicas
realizadas, son prácticas que adquieren una importancia singular en el proceso
de aprendizaje. En
esa actividad, al mismo tiempo que
se revisa y discute la solución correcta a la tarea asignada, lo cual se
constituye en un momento para reaprender, los estudiantes participan
activamente en la evaluación y análisis de resultados; toman conciencia de lo
que saben y de lo que no saben, al recibir información clara de sus fortalezas
y debilidades específicas, así como de la propuesta de nuevas tareas y
actividades que deben realizar para subsanar
los errores e incomprensiones que poseen.

7.
Formular preguntas o
plantear problemas en el estudio sobre algún hecho o suceso
de la realidad relacionado con alguna temática de actualidad y luego pasar a
discutir las elaboraciones construidas por los estudiantes. Para ello se
recomienda llamar la atención sobre causas y consecuencias, sobre la existencia
de un principio relevante o de leyes y teorías o sobre el sentido general que
el alumno debe descubrir y comprender. Con estas preguntas se intenta favorecer
la elaboración de inferencias, así como desarrollar la capacidad de
razonamiento y de indagación. Cuando las preguntas son de alto nivel cognitivo,
obligan a la reorganización de informaciones diversas con efectos positivos
sobre el estudio.
8.
Estimular a los estudiantes
para que planteen problemas y formulen preguntas, interrogantes que les
permitan crecer en el conocimiento. Es evidente que el progreso científico se debe a personas inquietas que
cuestionan, se plantean preguntas y problemas, formulan hipótesis e indagan
para hallar soluciones a los problemas. Por lo tanto, el contexto escolar debe
ofrecer oportunidades para que los estudiantes desarrollen estas competencias,
al interrogar y evaluar situaciones y acontecimientos a través de preguntas. Si
el profesor entiende que sólo cuando el estudiante comprende lo que estudia es
que puede estar en capacidad de formularse preguntas, debería, durante la clase
favorecer espacios para que los estudiantes hagan preguntas y valorarlas en
términos de cuáles son aquellas que hacen pensar y que ofrecen información
clara de cómo lo hacen. El profesor llega a conocer inquietudes, de
adquisiciones conceptuales, procedimentales y actitudinales y de procesos,
tomando como referencia las preguntas que los estudiantes formulan.
9.
Entrevistas sostenidas
individualmente con cada estudiante para tratar asuntos de interés relacionados con el proceso y
resultados obtenidos en relación a los trabajos y tareas realizadas orientadas
al desarrollo de competencias específicas. Por ejemplo cuando los estudiantes
están en la fase inicial de planificación del texto, formular preguntas de
diseño o cuando están revisando, formular preguntas relacionadas con las ideas
y su relevancia y organización.
10.
Explicitar claramente los
criterios de ejecución de los trabajos e invitar a los alumnos a revisarlos, a leer los textos y a
mejorarlos a partir de la discusión y puesta en común en sesiones de grupo.
Esto permite el análisis y la toma de conciencia para tomar decisiones sobre
mejoras posibles que hubiera que introducir en sus trabajos y otras tareas. El
sostener conferencias y llenar algún cuestionario con preguntas de opinión
sobre el proceso sirve para diagnosticar problemas existentes en la dinámica de
aula y, también, para abrir un canal de comunicación alumno-profesor que
comporta compromisos de cambio y mejora. Debe también valorarse la
participación y la colaboración en grupo. Este resultado del seguimiento
individual a partir de observaciones, del análisis de los trabajos y de los
cuestionarios y respuestas personales se debe concretar en sugerencias y
acciones con todo el grupo o en forma individual. Todos estos resultados deben
conducir a planificar actividades de recuperación en los que se señalan los
objetivos, los contenidos y se diseñan modalidades y mecanismos de recuperación
en conjunto o diversificados según las necesidades concretas de los
estudiantes.
11. El uso de
pautas que establecen orientaciones para la realización de tareas y de pautas
de autocorrección como instrumentos útiles para orientar el aprendizaje y la
evaluación. Según
Solé (2001), estos instrumentos
cumplen dos finalidades: permiten a los alumnos anticipar las características
más relevantes del producto de la tarea y, al mismo tiempo, los ayuda a
planificar su elaboración y facilitar la supervisión y control de la tarea
realizada.
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