La técnica de la tortuga utiliza la estructura física de esta, que se esconde dentro de su concha cuando siente miedo. De esta forma, al niño se le enseña a actuar igual cuando no sea capaz de controlar sus emociones.
Se realiza de la siguiente manera:
- Cuando el profesor le diga "tortuga" se tiene que encoger, cerrado el cuerpo, metiendo la cabeza entre los brazos.
- Posteriormente, se le enseña a relajar los músculos.
- Después, se lleva al tema de la solución de problemas a través de una asamblea grupal, contando historias,...
Con esta técnica conseguimos que el niño sea capaz de identificar sus emociones y saber controlarlas.
- Se comienza leyendo el cuento de la tortuga.
- Posteriormente, lo realiza todo el aula.
- Después, se realiza de forma individual, indicando la profesora quien debe hacerlo.
- Se anima a que los compañeros se alegren cuando un niño realiza la técnica en el momento adecuado.
- Recompensa.
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| Técnica de la tortuga |
HISTORIA DE LA TORTUGA:
Hace mucho tiempo, en una época muy lejana, vivía una tortuga pequeña y
risueña. Tenía años y justo acababa de empezar de primaria. Se llamaba
Juan-tortuga. A Juan- tortuga no le gustaba ir a la escuela. Prefería
quedarse en casa con su madre y su hermanito. No quería estudiar ni
aprender nada: sólo le gustaba correr y jugar con sus amigos, o pasar las
horas mirando la televisión. Le parecía horrible tener que leer y leer, y
hacer esos terribles problemas de matemáticas que nunca entendía. Odiaba
con toda su alma escribir y era incapaz de acordarse de apuntar los deberes
que le pedían.
Tampoco se acordaba nunca de llevar los libros ni el material necesario a la
escuela.
En clase, nunca escuchaba a la profesora y se pasaba el rato haciendo
ruiditos que molestaban a todos
Cuando se aburría, que pasaba a menudo, interrumpía la clase chillando o
diciendo tonterías que hacían reír a todos los niños. A veces, intentaba
trabajar, pero lo hacía rápido para acabar enseguida y se volvía loca de
rabia, cuan- do, al final, le decían que lo había hecho mal. Cuando pasaba
esto, arrugaba las hojas o las rompía en mil trocitos. Así pasaban los días...
Cada mañana, de camino hacia la escuela, se decía a sí mismo que se tenía que esforzar
en todo lo que pudiera para que no le castigasen. Pero, al final, siempre acababa
metido en algún problema. Casi siempre se enfadaba con alguien, se peleaba
constantemente y no paraba de insultar. Además, una idea empezaba a rondarle por la
cabeza: «soy una tortuga mala» y, pensando esto cada día. Se sentía muy mal.
Un día, cuando se sentía más triste y desanimado que nunca, se encontró con la
tortuga más grande y vieja de la ciudad. Era una tortuga sabia, tenía por lo menos 100
años, y de tamaño enorme. La gran tortuga se acercó a la tortuguita y deseosa de
ayudarla le preguntó qué le pasaba: « ¡Hola! -le dijo con una voz profunda- te diré un
secreto: no sabes que llevas encima de ti la solución a tus problemas».
Juan-tortuga estaba perdido, no entendía de qué le hablaba. « ¡Tu caparazón!»
exclamó la tortuga sabia. Puedes esconderte dentro de ti siempre que te des cuenta
de que lo que estás haciendo o diciendo te produce rabia.
Entonces, cuando te encuentres dentro del caparazón tendrás un momento de
tranquilidad para estudiar tu problema y buscar una solución. Así que ya lo sabes, la
próxima vez que te irrites, escóndete rápidamente.»
A Juan-tortuga le encantó la idea y estaba impaciente por probar su secreto en la
escuela. Llegó el día siguiente y de nuevo Juan-tortuga se equivocó al resolver una
suma. Empezó a sentir rabia y furia, y cuando estaba a punto de perder la paciencia y
de arrugar la ficha, recordó lo que le había dicho la vieja tortuga. Rápidamente
encogió los bracitos, las piernas y la cabeza y los apretó contra su cuerpo, poniéndose
dentro del caparazón. Estuvo un ratito así hasta que tuvo tiempo para pensar qué era
lo mejor que podía hacer para resolver su problema. Fue muy agradable encontrarse
allí, tranquilo, sin que nadie lo pudiera molestar.
Cuando salió, se quedó sorprendido de ver a la maestra que le miraba sonriendo,
contenta porque había podido controlar. Después, entre los dos resolvieron el error
«<parecía increíble que con una goma, borrando con cuidado, la hoja volviera a estar
limpia»}.
Juan-tortuga siguió poniendo en práctica su secreto mágico cada vez que tenía
problemas, incluso a la hora del patio. Pronto, todos los niños que habían dejado de
jugar con él por su mal carácter, descubrieron que ya no se enfadaba cuando perdía en
un juego, ni pegaba sin motivos. Al final del curso, Juan-tortuga lo aprobó todo y nunca
más le faltaron amiguitos.
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| Posición técnica de la tortuga |
Bosqued Campanero, A. Técnica de la tortuga. Recuperado de: https://www.orientacionandujar.es/wp-content/uploads/2017/09/El-autocontrol-de-la-conducta-impulsiva-La-t%C3%A9cnica-de-la-Tortuga.pdf


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